.- En 1915, King Camp Gillette dominaba por completo el mercado del afeitado masculino, pero buscaba una nueva vía para seguir expandiendo su millonario imperio comercial hacia la otra mitad de la población mundial.

Gillette se dio cuenta que las mujeres utilizaban métodos tradicionales y dolorosos para depilarse, así que decidió lanzar una campaña publicitaria en las revistas de moda afirmando que el vello femenino era un problema higiénico que debía ser eliminado.

Para cubrir esta nueva necesidad social que él mismo acababa de fabricar artificialmente, ordenó diseñar una versión alternativa de su clásica maquinilla metálica, modificando únicamente su presentación exterior con envases de color rosa.

Este nuevo artículo fue bautizado como “Milady Decolletée” y se distribuyó en todas las tiendas con un precio muy superior al modelo estándar para hombres.

Acababa de nacer un polémico sobrecoste comercial que hoy en día conocemos como impuesto rosa.

El éxito de esta maniobra comercial se vio fuertemente impulsado por los cambios en la moda femenina de la época que introdujeron los vestidos sin mangas obligando a las mujeres a mostrar sus axilas en público.

Aprovechando esta nueva tendencia, Gillette firmó acuerdos promocionales con los principales diseñadores de alta costura. ¿Cuál era el objetivo? Establecer el afeitado corporal como un requisito indispensable de elegancia…

Hoy en día, esta controvertida estrategia de segmentación de precios por género continúa aplicándose en multitud de sectores industriales, generando millones en beneficios extraordinarios para las grandes corporaciones.

Las asociaciones de consumidores estiman que los artículos de higiene personal femenina, cuestan un 13 % más que sus versiones masculinas, a pesar de ser prácticamente idénticas…Iván Fernández Amil


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