¿Qué es la milpa? El sistema agrícola mexicano donde el maíz no crece solo

Más que una forma tradicional de cultivar maíz, la milpa es un sistema agrícola en el que distintas especies conviven y se complementan.

En una parcela de milpa, el maíz no crece solo. Entre sus plantas pueden encontrarse frijol, calabaza, chile, jitomate y otras especies que, dependiendo de la región, forman parte de un sistema agrícola basado en la diversidad.

De acuerdo con la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), la milpa es un policultivo cuyo principal cultivo es el maíz y que puede incluir diferentes variedades de frijol, calabazas, chiles, tomates y otras plantas. Su composición cambia según la región y también puede incorporar especies que crecen de manera natural, como los quelites.

Para Laura Karina Mares Ortega, docente del Departamento de Educación y Comunicación Ambiental, una de las características fundamentales de la milpa es precisamente la convivencia entre diferentes especies aprovechadas por las comunidades.

“Es un policultivo que incluye diferentes especies que de forma natural ya se daban entre sí, y que fueron domesticadas por el ser humano”.

¿Qué cultivos forman parte de la milpa?

Aunque existen diferentes formas de establecer una milpa, entre los cultivos que comúnmente la conforman se encuentran maíz, frijol, calabaza, chile y tomate. Esta diversidad es una de las principales diferencias con el monocultivo, sistema en el que una sola especie ocupa la parcela. En la milpa, en cambio, los cultivos interactúan y pueden cumplir funciones complementarias dentro del agroecosistema.

Maíz, frijol y calabaza: una asociación que funciona

Uno de los ejemplos más conocidos es la combinación de maíz, frijol y calabaza.

De acuerdo con información de la Conabio, cuando el frijol se cultiva junto al maíz, su asociación con bacterias del género Rhizobium permite la fijación de nitrógeno atmosférico. Además, el tallo del maíz puede servir como soporte para algunas variedades de frijol trepador.

La calabaza cumple otra función: sus grandes hojas se extienden sobre el suelo, ayudando a limitar el crecimiento de otras plantas y a disminuir la evaporación de agua de la superficie.

De esta manera, los cultivos de la milpa no funcionan de manera aislada, sino que forman parte de un sistema en el que pueden beneficiarse de sus propias interacciones.

La milpa también es refugio de biodiversidad

La importancia de la milpa va más allá de los alimentos que produce.

La presencia de diferentes cultivos crea condiciones para que otros organismos y formas de vida puedan coexistir dentro de la parcela, contribuyendo a la diversidad del agroecosistema.

Para Mares Ortega, esta convivencia representa uno de los beneficios de la milpa frente a sistemas agrícolas donde se busca controlar organismos considerados perjudiciales mediante productos químicos.

“La milpa aporta muchos beneficios a la biodiversidad y a los ecosistemas por el hecho de convivir entre todas las plantas de forma asociativa”.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) también reconoce la importancia de los sistemas agrícolas tradicionales de México por su relación con la agrobiodiversidad, los conocimientos tradicionales y la seguridad alimentaria.

La milpa maya, reconocida internacionalmente

La importancia de estos sistemas agrícolas también ha recibido reconocimiento internacional.

En 2022, la FAO reconoció a la milpa maya de la península de Yucatán como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM), destacando su biodiversidad agrícola, los conocimientos tradicionales asociados con su manejo, su cultura y su contribución a la seguridad alimentaria y la resiliencia de las comunidades.

Este reconocimiento muestra que la milpa no es solamente una técnica para producir alimentos, sino un sistema en el que agricultura, biodiversidad, cultura y conocimientos tradicionales están relacionados.

¿Por qué es importante conservar la milpa?

El avance de sistemas agrícolas basados en un solo cultivo representa uno de los desafíos para conservar la diversidad agrícola.

Frente a ello, la milpa mantiene una lógica diferente: sembrar varias especies en un mismo espacio y aprovechar las relaciones que existen entre ellas.

Por eso, hablar de la milpa es hablar no solamente de maíz, sino también de frijol, calabaza, quelites, chile, tomate, biodiversidad, alimentación y conocimientos transmitidos entre generaciones.

La milpa mexicana demuestra que cultivar alimentos también puede significar conservar diversidad y mantener una relación más amplia entre las plantas, el suelo, los ecosistemas y las comunidades.

GacetaUdeG

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