La celebración dedicada a fortalecer a las nuevas generaciones de charros tuvo como plato fuerte una charreada de gala con tres grandes exponentes: el Nacional de Charros de la Ciudad de México, RG2 de San Luis Potosí, el equipo sensación de los últimos tiempos, y los anfitriones, Charros de Jalisco.

Fue un verdadero mano a mano con el lienzo como escenario y la afición como testigo; de esos encuentros donde nadie regala una mangana, donde cada punto cuesta y donde el sombrero se acomoda una y otra vez porque aquí, como dicen en el rancho, “a caballo regalado no se le mira el diente”, pero al caballo de competencia sí se le mira hasta el alma.

La fiesta no comenzó en el lienzo, sino con la misa de acción de gracias en el Santuario de Guadalupe. Desde muy temprano, la familia charra dio gracias por más de un siglo de historia y pidió que la tradición continúe cabalgando por muchos años más.

Después vino el desfile, con la participación de 300 charros y escaramuzas distribuidos en contingentes por las principales calles de Guadalajara, una estampa que permitió a la ciudad encontrarse con sus charros.

Caballos, sombreros, moños, trajes de gala y familias enteras dieron forma a una postal que mostró con orgullo una tradición que identifica a Jalisco y que México reconoce como propia.

Más tarde, los contingentes fueron recibidos por el gobernador del estado, Pablo Lemus Navarro, quien les dio la bienvenida, para finalmente arribar al lienzo charro Jalisco, donde se rindieron honores a la bandera y se tomó protesta a la nueva mesa directiva.

Así, paso a paso, se fue construyendo una jornada que tuvo de todo: fe, identidad, amistad, competencia y, por supuesto, mucha charrería.

La faena habló por sí sola

Ya en las acciones deportivas, los tres equipos demostraron por qué llegaron a esta celebración. Hubo buenas calas de caballo, piales de buenas hechuras y un coleadero de fuerza y determinación, con movimientos constantes en la pizarra.

Cada suerte tuvo su historia y cada participante dejó constancia de experiencia y oficio, porque en la charrería no basta con saber montar: hay que conocer al caballo, medir los tiempos y tener esa comunicación que solamente se construye con años de convivencia. Por eso le llaman al charro y a su caballo el binomio perfecto.

“El que sabe, sabe, y el que no, aprende mirando”, reza el dicho, y vaya que hubo mucho que mirar.

La jornada también tuvo uno de sus momentos más vistosos con la presentación de la Escaramuza Monumental Las Margaritas, dirigida por Silvia Yáñez.

Nada menos que 45 mujeres entraron al ruedo para ejecutar pasadas, escaleras, canastas, giros y cuatro abanicos, en una demostración donde se combinaron destreza, elegancia, cadencia y creatividad.

La presentación arrancó el aplauso de las tribunas y recordó que la charrería de hoy ya no puede entenderse sin las damas de a caballo, quienes han ganado terreno tanto en cantidad como en calidad y han convertido cada presentación en una verdadera expresión de disciplina y arte ecuestre.

El toro puso a prueba a los jinetes

Llegó después una de las suertes que siempre levantan expectativa: la monta de toro.

El ganado presentó presencia y peso, ofreciendo reparos que exigieron a los jinetes entereza, técnica y, sobre todo, valor.

En las ternas tampoco hubo espacio para el descuido. Amarrar el lazo cabecero y el pial de ruedo requiere precisión, coordinación y ese entendimiento que existe entre los compañeros de equipo para completar la faena y derribar al toro de costillar y paleta.

En el ruedo hay que entrar con respeto al ganado, pero también con la determinación suficiente para hacer que la suerte cuente.

¡Y apareció Chiringas!

Pero si hubo un nombre que encendió particularmente la fiesta fue el de Andrés “Chiringas” Aceves, del equipo RG2.

En las manganas a pie mostró por qué es uno de los grandes exponentes de la especialidad y, cuando parecía que la emoción ya había llegado a su punto máximo, repitió la dosis en las manganas a caballo.

La afición respondió como sabe hacerlo: con aplausos, gritos de reconocimiento y una verdadera carretada de sombreros que cayó al ruedo como tributo a una actuación que quedará entre las postales deportivas de este aniversario.

Y ahí sí, como dicen los viejos aficionados: “cuando el río suena, es porque agua lleva”. La calidad estaba a la vista.

La Catedral volvió a ponerse de gala

Con raigambre, entrega y talento concluyó una jornada inolvidable que reunió a 25 de los mejores equipos del país, además de escaramuzas, en una celebración que volvió a demostrar que la charrería no solamente conserva una historia centenaria: también tiene presente y, sobre todo, nuevas generaciones dispuestas a mantenerla viva.

En el lienzo Jalisco quedó algo más que una competencia. Quedó el orgullo de una familia que comparte caballo, sombrero, tradición y pasión; una comunidad que sigue pasando de generación en generación una de las expresiones más profundas de la identidad mexicana.

Porque mientras haya un charro dispuesto a montar, una mujer de a caballo lista para entrar al ruedo y una afición que levante el sombrero para reconocer una buena faena, la charrería seguirá cabalgando.

La celebración dedicada a fortalecer a las nuevas generaciones de charros tuvo como plato fuerte una charreada de gala con tres grandes exponentes: el Nacional de Charros de " />

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