.- El profesor Humberto Whijares apareció en el periódico, pidió hablar conmigo y me solicitó el apoyo para dar a conocer su trabajo. En el momento lo invité a pasar a la redacción, y lo entrevisté, me dejó impresionado, un ex luchador profesional, practicante y profesor de todas las disciplinas orientales, un auténtico maestro, un apasionado que vivía la vida para enseñar la defensa personal, las maravillas de las artes marciales que parecía traer en la sangre y además una persona sencilla y jovial.

Humberto Pérez Whijares tiró su primera patada voladora ante el doctor que lo trajo al mundo, le aplicó la primera llave a su enfermera, en el ya muy lejano 3 de noviembre del año 1948 en la ciudad de Tampico, Tamaulipas.

Cinta negra 2º dan de Hapkido, la disciplina que más amaba, además de practicar el Aikido, enseñar Modern Defendo y cualquier disciplina que permitía conocer las maravillas de la defensa personal.

El profe Whijares, como se le conocía en Puerto Vallarta, la ciudad que lo recibió por un lado con reconocimiento y por otra injustamente al no serle reconocido como el artemarcialista que era, pero sobre todo, el ser humano, que como tal, había alcanzado la categoría de cinta negra 1er dan Gran Maestro.

Durante 15 años, el profe Pérez Whijares, originario de Tampico, Tamaulipas, fue instructor de artes marciales y defensa personal de la Academia de Policía y Tránsito de Puerto Vallarta.

Todo policía que tenga que enfrentar a un delincuente en esta ciudad sabrá que hacer y deberá recordar y agradecer las enseñanzas del Gran Maestro. El Profe nunca dejó de mencionar la frase fundamental del Hapkido y de muchas de las disciplinas que enseñó: “la regla máxima para un luchador de Hapkido es evitar la violencia”.

Y así lo hizo, se convirtió en el maestro más respetado y admirado, pero como sucede también lamentablemente, el más envidiado.

Recuerdo en aquella entrevista cuando me habló de sus estudios y entrenamientos del Hapkido nada menos que con el fundador de la disciplina, Choi Yong Sul quien combinó los elementos coreanos nativos con la ayuda del japonés Daito Ryu Aiki-Ju Jitsu. Yong Sul aprendió a su vez de su maestro Sogaku Taheda tras irse a vivir al Japón, como lo platicó en una agradable sesión el profe Whijares.

Sabia de todas las clases de llaves y disciplinas

A su regreso a Corea en el año 1945, cuando finalizaba la Segunda Guerra Mundial, Choi Yong, inició su trabajo de enseñanza de la disciplina que denominó precisamente Yu Kwon Sul, en la ciudad de TaeGu, para después bautizarlo con el nombre de Hapkido, que significa Hap (Armonía), Ki (Energía mental o la potencia del espíritu y Do (Método o camino para dominarlo), me daba la cátedra a mi casi se nos echaban a perder los alimentos que habíamos comprado por no llevarlos a refrigerar en medio de un clima cálido que casi alcanzaba los 40 grados.

El profesor quien era prácticamente invencible, finalmente cedió ante una letal llave y un agresivo candado que le aplicó la muerte.

Humberto Pérez Whijares, quien cumpliría el próximo 3 de noviembre 76 años, fue hijo de Esperanza Whijares y de José Pérez.

A la edad de 6 años comenzó su aventura a través de las artes marciales orientales, primeramente en el Judo-Kodokan con el maestro Enrique Carrera, permaneciendo por cinco años en el Gimnasio Metropolitano de Tampico.

Después de su debut en estas artes, se inscribió con el profesor Margarito Villegas, quien le enseñó Jitsu tradicional y ya a los trece años se registraba en la Escuela de Lucha Libre del Auditorio Municipal Tampico aprendiendo Lucha Olímpica-Greco-Romana, lucha intercolegial, tombling y lucha profesional en la que fue conocido como el gran luchador Zebra Kidd.

Fue en el año 1966 cuando subió a los encordados para debutar como profesional en un pueblito llamado Estación Manuel en el estado de Tamaulipas iniciando de esta forma una exitosa carrera en la lucha entrenando con el maestro Don Cuauhtémoc “Diablo” Velasco.

Portando una espectacular máscara como Zebra Kidd triunfó a lo largo y ancho de todo el país luchando incluso en la arena del Coliseo de México hasta coronarse campeón mundial peso medio (Versión IWW).

Posteriormente, en el año 1991, fue llamado por el maestro José María Fernández de España para estudiar el arte japonés y en 1993 participó en el Torneo Mundial de Hapkido en la modalidad de Defensa Personal ganando la medalla de bronce. Para el año 1994, el maestro Juan Robredo, funda el Sistema Marcial de México Tekihua y el profesor Humberto Whijares es nominado 4º DAN.

En 1998, conoce el G.M. Bill Wolfe, Jefe de instructores de la “International Defendo Federation” y jefe de maestros de S.W.A.T. de Canadá y empieza a practicar Defendo durante cinco años, hasta que en el año 2002 es nombrado instructor de Defendo y representante en México de la Federación Mundial de la especialidad.

Fue en el 2005 cuando el profesor Whijares es llamado para trabajar como instructor de la Academia Regional de Policía de Puerto Vallarta, donde enseñó e instruyó a defenderse y a neutralizar contrincantes, a muchas generaciones de elementos policiales.

compañeros de la Academia y el ex jefe Misael López Muro

Como anécdota recuerdo una tarde en la cabina de la radio en la que esperaba al profesor para entrevistarlo en el programa En Pelotas, que tuve el gusto de conducir, cita a la que nunca llegó.

Entré al aire un tanto distante, sin meterme de lleno en los temas, a sabiendas de que el profe Humberto Pérez Whijares era muy cumplido y sumamente puntual, lo que me tenía el alma en vilo temiendo lo peor. Terminó el programa y nunca recibí llamadas, ni me contestó el teléfono el profesor, dejándome en ascuas hasta un par de días después cuando me llamó para disculparse.

Le dije al Profe que no se preocupara, que el siguiente sábado haríamos la entrevista y al llegar la fecha pactada, poco antes de entrar a la cabina, me dijo: “Señor Bátiz, merece usted una explicación por mi falla del sábado anterior, créame que no suelo faltar a ninguna cita”.

El Profesor Whijares se veía aún pálido y un tanto ojeroso, así que me atreví a preguntarle, qué le había pasado. Señor Bátiz, me dijo, me he fracturado prácticamente todos los huesos de mi cuerpo, he pasado por situaciones dolorosas y complicadas a lo largo de mi carrera, sin embargo, recibí una paliza y no precisamente en el encorado o el pancracio, me pegó el dengue, créame que nunca, ni en el peor de mis accidentes y lesiones, sufrí tanto y la vi tan dura como esta semana de infierno que viví.

Le di un abrazo y le dije, ni el dengue ni nadie podrá vencerlo Profesor, nos reímos e iniciamos uno de los programas más emotivos en la historia de la radio deportiva de esta ciudad.

Descanse en paz mi buen amigo y el gran maestro de las artes marciales, el gran hombre y ser humano, padre, esposo e hijo y camarada, aunque estoy seguro mi querido Profesor que ya estará Usted enseñando a los ángeles todas las bondades de las llaves, las patadas y secretos con el fin de que también ellos, los alados, eviten la violencia allá en el cielo.

Le prometo Profe que si bondadosamente me llaman por aquellos lares, me inscribiré en su siguiente curso, aunque y espero que no se moleste conmigo, ojalá que no sea muy pronto. ¡HASTA SIEMPRE MI PROFE!


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