.- Conforme se acerca el periodo de verano y muchas personas buscan refrescarse comenzarán a buscar la posibilidad de acceder a albercas y a las playas de los destinos turísticos del país, sin embargo, hoy son más las preguntas que las respuestas en cuanto a lo que implicará la nueva normalidad en el contexto de la pandemia por coronavirus en esos espacios públicos.

Las autoridades sanitarias han advertido que el verano puede frenar un poco la pandemia de coronavirus en la estación más calurosa del año, pero esto no es una garantía de que no existan los contagios.

De ahí que muchos se pregunten si la enfermedad puede transmitirse o contagiarse a través del agua, la arena o el pasto que suele rodear a esos espacios.

Dado que no existen estudios específicos de la supervivencia del Covid-19 en entornos acuáticos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha basado sus recomendaciones sobre el tema en las evidencias científicas recogidas para otros coronavirus.

«La morfología y la estructura química de este virus es similar a las de otros coronavirus para los cuales si existen datos «El agua de mar tiene sal y se ha comprobado experimentalmente que este elemento desactiva o destruye la covid-19», afirma el estudio.

Pero esto es «muy normal», subraya. Pasa con muchos virus. «Hay muchísimos organismos que no pueden vivir en un entorno salino. El agua de mar tiene una osmosis, una densidad de iones, que mata muchas de las familias de virus».

Lo que sucede en el caso del que provoca Covid-19 es que está compuesto por un núcleo de material genético y una cápside de proteínas que lo envuelve y, al igual que otros coronavirus respiratorios, está recubierto por una envoltura lipídica.

A la reacción ante la sal de mar hay que añadir el «efecto dilución». Es decir, el virus se disemina en el agua y esto rebaja su poder de infección. «Para infectarse, una persona necesita estar expuesta a un número mínimo de partículas virales», expone Bruce Ribner, director médico de la Unidad de Enfermedades Transmisibles Graves del Hospital de la Universidad Emory, en Estados Unidos.

«Cualquier secreción que vaya al agua, como por un estornudo o tos, se diluirá rápidamente», dice. «Esto haría que la probabilidad de que una persona se exponga a la cantidad mínima de partículas virales requeridas para causar infección es muy pequeña y, en una situación de la vida real, demasiado pequeña para estar preocupados», añade.

ALBERCAS

Mientras tanto el cloro que se usa como desinfectante en las piscinas facilita la muerte del coronavirus que causa la covid-19. Su uso es obligatorio en muchos países por normativa sanitaria desde hace años. El porcentaje de cloro que debería tener una piscina es de al menos de 0,5 miligramos por litro.

Aunque normalmente suelen tener entre 1 y 2 miligramos por litro, un nivel que, según las autoridades del sector, sigue siendo seguro para la salud. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) coinciden en que «el funcionamiento y mantenimiento adecuados (incluida la desinfección con cloro o bromo) de piscinas, jacuzzis, spas o áreas de juego con agua deberían inactivar el virus».


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