- El Lienzo Charro de Tehuacán resguarda actualmente entre 65 y 70 caballos de distintos usuarios.
Más allá de ser un espacio deportivo, representa un lugar de identidad y cultura donde la charrería, considerada deporte nacional de México, fortalece un vínculo único entre los charros y los animales, principalmente los caballos.
Para los jinetes, estos equinos dejan de ser solo un elemento clave en la práctica de las suertes charras y se convierten en compañeros inseparables. “Los caballos han sido parte fundamental de mi vida. Desde que nací he estado entre caballos y toros. Para mí han sido lo más importante, ese vínculo de amigo, esa dupla entre él y yo”, expresó Mauro Vega, presidente de la Asociación de Charros de Tehuacán.
Tradición que nace en familia
De acuerdo con la UNESCO, las técnicas de la charrería se transmitían originalmente en el seno familiar, una dinámica que persiste en la actualidad. El gusto por este deporte suele surgir desde la infancia, acompañando a padres y abuelos a los lienzos, aprendiendo a acariciar, montar y cuidar a los caballos.
“Desde niño en la casa mi papá tenía caballos. Desde ahí el amor por la charrería nos fue inculcando poco a poco”, recordó el charro destacado Pedro García.

Más que destreza, un lazo emocional
Montar a caballo no solo implica disciplina física, sino también un aprendizaje de respeto y empatía hacia el animal. “Antes de ser un charro necesitas saber del caballo, conocerlo, tratarlo con respeto y quererlo. Estás enojado, triste, vienes, lo abrazas y sientes esa conexión”, compartió Ignacio Martínez Sandoval, usuario del lienzo charro.
Para Pedro García, la relación es aún más profunda: “Es mi vida, mi fuente de trabajo, mi desestrés, un amigo que nunca me va a juzgar, nomás me va a escuchar. Cuando lo veo a los ojos, el caballo me entiende”.
Beneficios físicos y emocionales
El Centro Ecuestre Rancho Viejo destaca que montar a caballo repercute positivamente en la autoestima, el autocontrol y la disciplina, además de mejorar la concentración y brindar relajación.
La charrería, por lo tanto, no solo es una actividad deportiva al aire libre que exige fuerza y destreza, sino también una práctica que aporta salud emocional y fortalece el lazo de confianza entre charro y caballo.
Fuente: Meganoticias