Pedro Galván.- Esto es lo que nos dice ChatGPT o cualquier otra inteligencia artificial, cuando está procesando información: “Pensando… Pensando…” y estoy seguro de que algún ser humano muy ingenioso fue quien decidió ponerle esa palabra: pensando para darle un cariz más épico.
Yo creía que pensar era algo exclusivo de los humanos, porque en ese acto misterioso mezclamos intuición, lógica, emociones, deseos, ignorancia, principios, sesgos y hasta fantasmas.
Pensar no es solo razonar: es dudar, imaginar, sentir y contradecirnos. En esa mezcla imperfecta radica precisamente lo que nos hace humanos.
Dos personas pueden pensar brillantemente y ser dos tiranos alocados o postulantes al Premio Nobel de la Paz. La subjetividad del resultado recae en nosotros.
La paradoja me atrapa cada vez que leo el “pensando… pensando” de una IA. ¿No sería más honesto que dijeran “procesando… procesando” o “analizando… analizando”? Tal vez alguien podría avisar a los genios que crean las IA y comentarles que nos quedan pocas cosas verdaderamente humanas, y una de ellas es el acto —tan hermoso como caótico— de pensar.
Es cierto que a menudo pensamos mal. Nos equivocamos, nos dejamos llevar por las emociones, tomamos decisiones absurdas. Pero al menos son nuestras equivocaciones, no las de un millón de líneas de código que “dicen” que piensan. Las máquinas, hasta donde sé, y salvo que Skynet haya creado ya al Terminator, no piensan: calculan, predicen, asocian patrones. No sienten intuición, no se contradicen por dentro, no conocen la incomodidad de una disonancia cognitiva.
Pueden imitar nuestro pensamiento, simularlo, incluso mejorarlo en velocidad de análisis y comprensión de millones de datos, pero no lo viven. Pensar, en el sentido más profundo, implica conciencia y subjetividad, dos territorios aún vedados a los algoritmos.
Ellos acumulan datos, los ordenan, resumen y dibujan, como grúas gigantes que levantan pesos que nosotros no podríamos… pero sin saber para qué lo hacen.
Y entonces me acuerdo de HAL, en 2001: Una odisea del espacio, preguntando antes de ser desconectado: “¿Soñaré?”. Tal vez algún día lo hagan. Tal vez incluso ya sueñan sin que lo sepamos. Pero mientras tanto, y aunque parezca una reflexión sin más, les ruego a quienes diseñan esas máquinas que no les hagan decir pensando… pensando…. Que elijan cualquier otra palabra.
Porque el pensar, ese verbo imperfecto, contradictorio y hermoso, sigue siendo lo que nos mantiene humanos. Demasiado humanos.