.- Gordon Parks nació en 1912 en Fort Scott, Kansas. Fue el menor de quince hermanos y creció en una pequeña casa de madera que compartía con su familia, donde la pobreza era constante. Y si esto no fuera ya suficiente, vivía en una América profundamente segregada y racista.

Desde niño aprendió que había lugares en los que no podía entrar, escuelas a las que no podía aspirar y oportunidades reservadas para otros. Aun así, Parks no aceptó ese destino y convirtió su vida en una búsqueda incansable de libertad a través del arte.

Su acercamiento a la fotografía no llegó por vocación temprana, sino por necesidad. En 1937, mientras viajaba como trabajador ocasional, encontró una revista con imágenes de fotógrafos documentales.

Aquellas fotografías, que mostraban la vida de la América rural durante la Gran Depresión, despertaron en él una idea que no lo abandonaría nunca: la cámara podía revelar heridas que muchos preferían ignorar.

Así fue como compró su primera cámara en una tienda de segunda mano por 7,50 dólares y comenzó a practicar y aprender a usarla, revelando los negativos en la cocina de las pensiones donde vivía.

Su talento llamó la atención de Marva Louis, esposa del boxeador Joe Louis, que lo animó a dedicarse profesionalmente. Años después, Parks consiguió un puesto como fotógrafo en la Farm Security Administration, una agencia federal que documentaba la pobreza en Estados Unidos.

Fue allí donde tomó una de sus imágenes más emblemáticas: la fotografía de Ella Watson, una limpiadora afroamericana posando con una escoba frente a una bandera estadounidense (portada de la newsletter de hoy). La tituló “American Gothic” como respuesta crítica al famoso cuadro de Grant Wood.

Aquella imagen, directa y dolorosa, mostraba con una sencillez estremecedora la contradicción entre los ideales del país y la realidad de millones de ciudadanos. Y sería ese trabajo en la FSA el que le abrió las puertas a un logro histórico, porque en 1948, Gordon Parks se convirtió en el primer fotógrafo negro contratado por la revista Life, el medio más influyente de la fotografía documental en los Estados Unidos.

Durante más de dos décadas cubrió reportajes sobre pobreza urbana, segregación, violencia, desigualdad y vida cotidiana en comunidades afroamericanas.

Sus series sobre pandillas juveniles en Harlem, sobre la vida de un niño brasileño llamado Flavio o sobre los efectos de la discriminación en el sur de Estados Unidos, llegaron a millones de lectores y despertaron debates que hasta entonces se evitaban. .

Pero Parks era mucho más que un fotógrafo. Fue también escritor, poeta, músico y director de cine que, en 1971, dirigió “Shaft”, una película que se convertiría en un símbolo cultural para muchos jóvenes afroamericanos.

A lo largo de su carrera, Parks insistía en que el arte no debía contemplarse como un lujo, sino como un instrumento cívico capaz de denunciar, conmover y transformar.

Gordon Parks murió en 2006. La historia de su vida nos ayudó a comprender el valor que tiene una simple cámara. Porque esta máquina es mucho más que un dispositivo técnico. En las manos adecuadas, es también una herramienta moral.

Parks no fotografiaba para embellecer la pobreza, sino para incomodar a quienes podían cambiarla. Y lo hizo con un objetivo que nunca ocultó: utilizar el arte como un arma contra la injusticia.

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