• Ya está aquí, la caja de los sueños con los duendes dentro que trabajan para nosotros.

Pedro Galván.- Así de fácil. Ya están aquí. Escribe una frase y consigue un libro de 300 páginas que será maravilloso. ¿Y entonces qué hago yo con mis libros, que he escrito durante años?

¿Y si los libros que crean las máquinas son mejores que los de los humanos? ¿Dejaremos de escribirlos?

Kova se anuncia así, pero es solo el inicio. Una frase. Un clic. Y de pronto aparece una novela, un ensayo o una “obra” completa, perfectamente estructurada, con capítulos, tramas y giros dramáticos.

Me creo que será impresionante, pero también profundamente inquietante, porque si lo que más nos diferencia de los animales es la imaginación y el arte, y eso es absorbido por las máquinas, ¿qué nos quedará?

Pues disfrutarlo, dirán algunos, o puede que muchos. Y no les quito parte de razón. Pero ¿seremos simplemente consumidores pasivos del arte?

Porque la pregunta ya no es si las máquinas pueden escribir. La pregunta es qué estamos sacrificando cuando dejamos que escriban por nosotros.

La literatura —como el arte, como la música, como el cine— no nació para producir volumen. Nació para decir lo que no se podía decir de otra forma. Para convertir dolor en palabras. Para transformar la experiencia humana en sentido. Una novela no es un conjunto de páginas bien ordenadas: es el rastro de una conciencia luchando por comprender el mundo y, a veces, por explicarlo. O simplemente vomitar lo que a uno le parece que quiera compartir con el mundo. Como Bukowski.

Ya sé que las máquinas tocan el saxo y la guitarra mejor que yo, pero a mí me apetece seguir haciendo el tonto y creando ruido —a veces llamado música— porque eso me permite ser otro.

Dentro de un tiempo, en vez de decir “El Quijote es de Cervantes”, quizá diremos que la novela XYZ, brutalmente aclamada por el público, fue escrita por el Algoritmo JSKDNS/34. ¿Y estará mal? Yo creo que no. Si las máquinas nos hacen disfrutar, siempre serán bienvenidas.

Tal vez lo que ocurra es que la vida se vuelva más aburrida: imagina que todo lo que lees y ves es bueno. ¿Ya no habrá momentos para enfadarse porque una película o un libro es malo?

Y si existe Kova, pronto imagino que llegarán las IA del tipo “type a sentence y te creamos una miniserie de ocho capítulos alucinante a coste cero”. Y la vida será más cómoda… pero también más plana, aunque los nuevos mitos vengan en forma de dibujos y K-pop.

El peligro no es que las máquinas escriban libros.

El verdadero peligro es que los humanos dejen de escribirlos.

Decían que con la llegada del Kindle el libro tradicional había muerto.

Y se equivocaron y a eso nos podemos agarrar, aunque sea con un dedo.


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