El estrés crónico se ha convertido en uno de los problemas más normalizados de la vida moderna. No siempre se percibe de inmediato, pero con el tiempo afecta la atención, la creatividad, la paciencia e incluso la forma en que las personas toman decisiones, llevando a muchos a trabajar en “piloto automático”.

Así lo explica la neurocientífica canadiense Terrie Hope, quien desde 2010 investiga cómo la regulación del sistema nervioso y la coherencia cerebral influyen en la función cognitiva y el bienestar emocional. Con experiencia previa en la industria farmacéutica, Hope ha trabajado en estudios sobre estrés, ansiedad y depresión, además de formar parte del equipo científico del investigador Joe Dispenza.

De acuerdo con la especialista, el estrés no debe entenderse como una enfermedad, sino como una percepción individual que surge de la forma en que cada persona interpreta su entorno y enfrenta sus actividades diarias. Cuando las personas se ven obligadas a realizar tareas que no disfrutan o que perciben como una presión constante, el cerebro se adapta para soportar esa carga hasta que aparece el llamado “burnout”, un agotamiento extremo que funciona como un mecanismo de emergencia del organismo.

A nivel neurológico, el estrés prolongado mantiene activado el sistema nervioso y la amígdala cerebral, lo que vuelve a las personas más reactivas y sensibles ante nuevas situaciones estresantes. Además, diversos estudios han relacionado este estado con inflamación crónica en el cerebro y en el sistema circulatorio, lo que puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Hope también advierte que el estrés tiene un impacto directo en el ámbito laboral. Cuando el cerebro se encuentra bajo presión constante, la función ejecutiva disminuye, lo que dificulta el pensamiento claro, reduce la concentración y baja el rendimiento. Investigaciones citadas por la especialista indican que en muchos países solo alrededor del 30% de los trabajadores se encuentran realmente presentes y concentrados en sus labores.

Como parte de sus investigaciones, Hope ha analizado la técnica conocida como Access Bars, un método basado en toques suaves en 32 puntos de la cabeza que, según estudios preliminares, podría ayudar a reducir niveles de ansiedad, estrés y depresión, además de mejorar la coherencia cerebral.

Para la neurocientífica, el principal desafío es replantear el modelo actual de productividad. En lugar de exigir resistencia constante, propone construir un equilibrio entre bienestar y desempeño. “No se trata de un problema de motivación, sino del límite de un sistema que exige sin permitir recuperación”, señala.

La especialista concluye que la clave para reducir el estrés comienza con la conciencia personal: identificar qué situaciones generan malestar y cambiar aquellos patrones que afectan la calidad de vida, con el objetivo de pasar de sobrevivir a prosperar.

La Nación

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