- La historia del Abuelo Charro
Don Romárico Castro Ramírez, tuvo a bien escribir este relato, el cual se me hizo muy interesante y como tal se los transmito. – Un niño charro a caballo, a su abuelo preguntaba “Abuelo, ¿cómo empezaron los charros y la charreada? El abuelo que era un sabio y al nieto daba consejos, le dijo, viene de herencia y nos llega de muy lejos. Los españoles trajeron a estas tierras los caballos, y los trajeron retintos, colorados, alazanes y los bayos.
A Puebla llegó un gallego, que el transporte fue su oficio, un amansador experto, Don Sebastián de Aparicio. Por la dignidad humana, en vez de abusar de esclavos a los toros y a caballos, les enseñaba a amansarlos.
Empresario y hacendado, dio origen a la arriería, antecedente importante de lo que hoy es charrería. Desde iniciar la Colonia, trabajaban los arrieros, luego fueron los rancheros, los cuerudos y los payos.
Por cuerudo fue “chinaco”, por usar gamuza y cuero, después le llamaron charro, por su traje y su sombrero. A los de Salamanca en España, charros le decían en vasco, quería decir recargado, no era un término en tarasco.
La vestimenta y arreos, cubrían sus necesidades, todo tenía una razón, no eran solo necedades. Silla cómoda y segura, de elementos naturales, el cueraje de vaqueta y el fuste, horqueta de árboles.
Lo comentaba un señor y lo repetía un chamaco, con la lanza y con el lazo, era un experto el chinaco. El chinaco de gamuza y cuero viste, por ser ropa de trabajo y ser tela que resiste.
El sombrero de ala ancha, protegía del sol y la lluvia, y en caso de un accidente, también podía prevenir que una esposa fuera viuda.

La vestimenta y arreos, eran para trabajar y andar entre los breñales, pero artesanos hicieron de utensilios de trabajo, verdaderas obras de arte.
El jinete en el trabajo, requería de protección, por eso las chaparreras, se hicieron obligación. Para comunicarle al caballo, cualquier orden necesaria, se usaban freno y espuelas, por tradición legendaria.
También para comunicarse, como por escrito carta, en la montura el cuartero, siempre debía llevar cuarta. Así mismo solían poner, jáquima y ronderillo, por si llegaba a tronarse, la rienda o el cabrestillo.
De mal gusto y poco charro, se veía al pecho pretal, aunque siempre había evitado, azotar como costal. Los machetes y las reatas, siempre estaban en monturas, facilitaban labores y evitaban sepulturas.
Pistolas y carabinas protegían el pundonor, no se usaban sin razón, ni guardaban sin honor. Era bonito cuidar, que el ajuar hiciera juego, se hizo regla y tradición, no era capricho de viejo. Al inicio era trabajo, solo por obligación, después se hizo convivencia, competencia y diversión.
Después de escucharlo todo, el nieto quedaba absorto, imaginándose escenas, como cuando le contaba un cuento. Luego de la explicación, guardó silencio el abuelo, contemplando al nieto charro, mirándolo con consuelo, pensando para sí mismo, “que bueno verte a caballo y bien vestido de charro antes que me llame el cielo”.
El nieto muy abusado, pronto comprendió el mensaje, y al abuelo le exclamó: “que honor seguir tu linaje,” Ahora que ya me has contado, todo el origen del charro, siento que más me encariño, de este arte tan bizarro.
Hoy puedo comprender que haber sido mexicano, es un honor recibido, pero ser familia de un charro privilegio inmerecido.
Quiero calar garañón, puesto en mano en partidero, metiendo patas en punta, como arrendaba un arriero.
Quiero aprender a lazar, y como tú lo hacías antes, con reata chorrear los piales, quemando el fuste y los guantes.
Quiero colear a los toros, como el Marqués en la hacienda, saludando, remachando y derribando de redonda.
Quiero jinetear a un toro, con tentemozo y cencerro, para que repare fuerte, lo mismo en lienzo que en cerro.
A un toro quiero lazarlo, floreando lazos modernos, con un lazo pescuecero y si puedo, puros cuernos.
Quiero tirar buenos piales, floreando de estribo a estribo, con remates verijeros, pial del loro, gavilanes o del viento.
Jinetear a un potro bruto, como lo hacían los chinacos con el gusto y el valor, que es propio de los muchachos.
Y también quiero lazar, muchas yeguas en manganas, haciendo giro en resortes, espejo y varias pasadas, con remates bigotones, de máscaras y rodadas.
Manganear bien a caballo, en un cuaco que esté quieto, para lazar muy a gusto, al palomino y al prieto.
En la puerta del cajón, esperar la yegua en suerte, y solo en cuarto de vuelta, hacer paso de la muerte.
Quiero ser charro completo y charrear en los congresos, aunque me queme la soga, las manos hasta los huesos. Pero también quiero ser, caballero con valores,
respetando el traje charro, lo mismo dentro del lienzo, que estando en otros lugares. Ser charro que ve en su Dios, al Supremo Caporal, y en la Virgen ve a su Reina, Capitana Espiritual.
Que a su patria y a familia, las respeta y sabe amar, no solo es bueno en manganas, o solo sabe colear.
Gracias abuelo querido, por enseñarme a ser hombre, por ser caballero charro y a demostrarlo en la vida, no a serlo solo en el lienzo, o a sólo serlo de nombre.
