• El serbio se desfonda ante el brasileño Fonseca, de 20 años menos, en un duelo de casi cinco horas: 4-6, 4-6, 6-3, 7-5 y 7-5. “Al final, apenas podía mantenerme en pie”

.- Bienvenidos al Roland Garros de la ilógica, el de la convulsión. Aquel que pintaba un pelín insípido de entrada, por eso de que la coronación de Jannik Sinner parecía cuestión de una simple cuenta atrás y de que el italiano descontase las rondas hacia la Copa de los Mosqueteros; por eso de que no había podido venir Carlos Alcaraz y, por tanto, no había quien pudiera ponerle freno al de San Cándido; y por eso de que la secuencia firmada por el número uno —30 triunfos sucesivos de marzo hasta aquí, todos los trofeos importantes en sus manos— invitaba a pensar que no existía otra salida.

No al menos demasiado lógica. Sin embargo, ya no está Sinner ni tampoco la otra gran carta: a las nueve de la noche, Novak Djokovic se convierte en presa de João Fonseca.

A esa hora, el joven de 19 años culmina la rebelión (4-6, 4-6, 6-3, 7-5 y 7-5, tras 4h 53m) y certifica el triunfo que tanto buscaba y demandaba su hinchada, la ruidosa torcidaLlamado a ser uno de los líderes del futuro, su proyección no terminaba de encontrar correspondencia con algún resultado grandioso que la justificase, pero ya cuenta con una cabellera de relumbrón; ni más ni menos que la del mejor tenista masculino de todos los tiempos, el serbio Djokovic, quien después de dos mangas de contención y acierto, acaba cediendo a la presión incesante del carioca, un pegador que le desborda finalmente.

No pudo con Sinner en Indian Wells, resuelto aquel cruce en dos apurados desempates, ni tampoco con Alcaraz en Miami, allí también un comprimido 6-4 y 6-4; sí lo consigue, en cambio, ante Nole y en París. No está mal.

“Estaba destruyéndome, pero seguí ahí y me concentré punto a punto. Tan solo me repetía: ‘sigue, João, sigue’. Y seguí ahí. Me di cuenta de que él estaba un poco cansado y eso me dio esperanza. No pensaba en que tenía que ganar tres sets; de hecho, no podía pensar, sino tan solo seguir adelante”, comenta con la victoria en el bolsillo.

Antes, Djokovic ha tomado la palabra y concreta: “En el cuarto y en el quinto ha ganado puntos increíbles. Ha hecho tiros espectaculares y ha encontrado líneas. No creo que yo haya hecho demasiadas cosas mal. Simplemente ha sido mejor”.

Lo rubrica Fonseca con una magnífica remontada y tres aces seguidos, como acostumbraba un tal Roger Federer. “Nunca había terminado un partido así”, transmite a una grada que le ha llevado en volandas, deseosos sus compatriotas de que consiga seguir los pasos del gran Guga Kuerten y algún día logre triunfar en el Bois de Boulogne.

Queda lejos eso por ahora, pero la huella dejada ante el balcánico, 20 años mayor (39), a buen seguro que desencorsetará a un talento que posee una de las derechas más demoledoras del circuito —que puede llegar a superar los 180 km/h golpeando en estático— y que da en París exactamente con lo que buscaba: una liberación. Al otro lado, elegante, el veterano le aplaude y luego contesta: ¿Ha sido este el último baile aquí?

El País


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